sábado, 22 de agosto de 2015

Nunca acabar.


Vuelven como cada noche.

Viajan desde el interior,
vuelan dentro de la cúpula de cristal
con vistas a la vida.
A mi vida.

Un mirador único
donde se reunen y revolotean
sin ningún remordimiento,
pensamiento tras pensamiento,
persiguiéndose y llenando de calor mi cabeza.

Llenan de calor mi cabeza,
y sin embargo,
vuelven a mis noches frías.
Huyen unos de otros,
pero es imposible escapar de uno mismo
y me llevan hacia la angustia
al mismo tiempo que veo el amanecer por mi ventana.

Entonces,
el día se asoma,
los demás despiertan,
y me regalan una sprint final
donde me evaporan los cristales de mi retina,
condensando mis miedos más profundos al exterior,
precipitando las lágrimas al vacío.

Vacío,
como parecía aquel cuarto,
cuando la observe encima de la cama con últimos suspiros de vida.
Pero como un cuento,
 un rayo de sol penetró en todo su ser,
y desde la cama,
me vi desaparecer de aquella esquina de la habitación
y supe,
que era el cuento de todas mis noches:
el de nunca acabar.



Sheila.


domingo, 19 de julio de 2015

Mi yo menor.



Aún recuerdo las palabras de mi madre, cuando de pequeña, me obligó a ir sola a aquella tienda de barrio. Aquel mostrador enorme, tenía unos centímetros más por encima de mi frente, aunque a veces, disimuladamente, me daba el lujo de descubrir un poco más de aquella tienda dejando la punta de mis zapatos clavada en aquellas baldosas antiguas.

Aquel primer recado, me hizo sentir que me hacía mayor, a pesar de que usara una 28 de pantalón y mi madre me espiase por la ventana. Antes de cerrar la puerta, ella pronunció unas palabras que repetí por el camino: “Llegaras lejos, siempre que vayas de la mano de esta educación que estamos forjando, y tú serás el fruto de la mía.” Siempre supe que yo no me parecía a aquellas personas que iban a comprar aquella tienda, y creo, que aquel tendero, se daba cuenta. Mientras las demás personas observaban las nuevas ofertas o hablaban de rumores de barrio, yo solo pensaba en como dirigirme a aquel hombre mayor. Siempre me costó parecerme al resto y actuar con el desparpajo que lo hacían los demás, por lo que al llegar a casa, me sentía a salvo de aquel mundo que parecía no encajar con el mío.

Veinte años después, los pies me sobresalen de la cama y aquel mostrador enorme, me alcanza a duras penas por la cadera. Sin embargo, sigo yendo a aquella tienda de barrio con las mismas sensaciones y oyendo los mismos rumores, pero de generaciones diferentes. No ha cambiado nada. Soy mi yo menor, en un cuerpo mayor. Sigo sintiéndome a salvo dentro de mis cuatro paredes, y a veces salir me inclina hacia una tensión que alcanza ponerme nerviosa. A veces, sigo sintiendo que no encajo con la realidad de fuera y que la sencillez en esta vida, resulta ser lo más complicado. Soy mi yo menor, pasando de puntillas por la vida con diez tallas más a mi primera vez, sin querer alterar el orden de las cosas, aunque dichas cosas, alteran mi vida sin permiso y sin educación, pisando fuerte.

Mi yo menor guiado por exigencias forasteras que no conocen adentros, por miedos y manías. Mi yo menor jugando a seguir la corriente, porque cuesta seguir contra marea. Mi yo menor (sobre)viviendo, en un mundo mayor ,que se escurre entre mis manos.


Y llegará el anochecer,
como cada día,
y mientras el mundo duerme,
cuando nadie me ve,
podré acariciarte,
de la forma tan natural como recién llegada a la vida,
y sin permisos, ni educación…
podré decir que estaré amando a mi yo menor,
en este cuerpo mayor.



Sheila.

miércoles, 10 de junio de 2015

Reencuentro.


El pitido repetitivo de la puerta de aquel tren le despertó y tras varios pestañeos, se la encontró frente a frente. Sintió como se inclinó hacia delante, le acaricio su rodilla y entonces supo que había llegado su reencuentro.

Existen trenes de ida y de huida. Ella, huyó durante un tiempo de su cuerpo, de su ser. Pero se topó con su reflejo y con los ojos encharcados, buscó como pudo el destino de aquel billete y llegó a tiempo para ver como en aquel papel, de repente, se reflejaba su nombre, donde antes no ponía nada.

Sheila.

lunes, 27 de abril de 2015

Del pasado y por siempre.


A veces me gusta imaginarme detrás de otra piel y así poder verte de cerca. O ser hoja de aquel árbol que da a tu ventana y espiar detrás de un nido la forma en la que amaneces cuando te da el primer rayo de sol de la mañana en la cara. Me gustaría verte en blanco y negro y sonriendo, en color sepia hace años o en colores vivos cuando miras. 

A veces voy por la calle y te imagino en las caras de las personas, en el reflejo de los escaparates, en los asientos de los coches que cruzan por mi lado o viviendo en algunos de los edificios que forman esta ciudad. Te imagino haciendo tu vida sin mí, te imagino feliz, paseando por los parques, te veo mirando a los ojos, riendo, excitada y llena de vida.

Pero solo hago eso, imaginarte, porque me gusta verte libre, aunque tu libertad limite en la frontera de unos brazos que no son los míos. Como estoy yo, en unos brazos que no son los tuyos, pero libre la una de la otra. Y llegaré a esos labios que se apoyan en los mios y me besan, viviré acorde con su mano, le amaré, pero no seras tú, y en algún momento, por un instante, tanto tu como yo, nos imaginaremos libres con nuestras vidas, pero atadas al recuerdo de aquello inexistente y poderoso que no fue, ni será, porque vivimos amando, y no hay mayor delito que hacer sangrar a un corazón, por culpa del gran misterio de unos labios que jamás probaré por la cobardía respaldada de tan sediente deseo como es sentirla conmigo.

Sheila.


miércoles, 22 de abril de 2015

Tus fantasmas.

Cerró los ojos.
Volvió a su infancia y sentada en el sofá,
sostenía una foto de la mujer que aún no ha llegado a ser.

¿Qué pensara la niña que era, de la adulta en la que se ha vuelto?,
¿Serían los fantasmas de su infancia los que arrastrarían sus arrugas?,
¿Habrá logrado superar la inseguridad de tantos tabús que le produjeron?.
Los malditos tabús ignorantes,
impuestos por normas,
en colegios, familias…generación en generación.
El miedo, las consecuencias de los tabús.

Esa adulta sigue siendo el resultado de los fantasmas de la infancia,
porque al fin y al cabo,
somos eso,
traumas del pasado, de infancia,
aquella etapa tan susceptible, sensible que marcará el adulto que eres.
Aquella en donde,
o te mantienes encima de la raya “siendo lo que quieren que seas”,
o te caes a un lado y se te echa encima el escaparate entero de tan ignorantes enfermedades: prejuicios, estereotipos, directrices, normas según tu género, costumbres ..
que provienen de los tabús del pasado,
del miedo creado no ya en ti,
sino en lo que piensen los demás.


¿Qué le diría la adulta que eres a la niña que fuiste?
Retírate de la raya, cae hacia un lado,
los fantasmas no existen,
son solo recreaciones que han creados los demás en ti.
Vive, abre puertas, tu mente y romperás tabús,
y así la adulta que eres,
podrá demostrar a la niña que tendrá,
que puede ser de todo en este mundo,
menos miedo.


Sheila.

lunes, 30 de marzo de 2015

Carta a una desconocida IV.


Esta será la última vez que te escriba.
Porque se acabó.

El redil que me mantenía atada,
se abrió para llegar a algo mas puro, real...
a tu consciente.

Eso es,
he sabido que eras real,
que mi "yo superior" ha tocado fondo,
y nada era como te esperaba.

Y que incertidumbre sentí, cuando de su boca salían palabras con destino a la mía. Que inseguridad sintió mi presencia cuando compartíamos espacio y tiempo. Que inquietud la de mis ojos que no sabían mirarte, a pesar de recorrerte desde aquella primera vez que te vi pasar.

Y sin embargo, que seguridad traías contigo que ni te moviste del suelo, mientras que yo vagaba sin tocar las baldosas de aquel bar. Que forma tan ágil de aplicar la resolución a aquella ecuación llena de incógnitas durante horas en aquel banco.

Que confusión, que perplejidad, que desequilibrio e inestabilidad
frente a frente
a la firmeza, certeza y tranquilidad.

¿Como tan solo diez segundos pueden cambiar el resultado?
Variar los números, cambiar X por Y y dibujar la gráfica de pulsaciones. Como se puede alterar la incógnita y que en diez minutos formes una función, con nudo y desenlace. Nunca se me dieron bien los números, ni las letras, no soy especialista en nada. Y seguro que ella esperaba que tuviese un don de palabra que le hiciese estrujarse los brazos, pero que triste que se tuviese que encontrara con el absurdo nerviosismo de mi cuerpo, del que se cansan antes de conocerme.

Conocerme, conocerse. 
En eso consistía.

Y digo que no fue como esperaba, porque siempre solemos vivir dentro de burbujas, frágiles, cristalinas...volando gracias a la imaginacióon y perdidas en universos infinitos. Mi burbuja, sin previo aviso, explotó,chocó...y todas mis ideas y mi mundo se hizo trizas.Yo solo esperaba verte pasar un día mas.
Pero surgió lo que no esperaba.Saber que había aire fuera de la burbuja, superar mi universo, tocar la realidad, sentir entre mis dientes tu voz o tu mirada sobre mi retina

Y es por esto,
por lo que se acabó.
Porque esa muchacha que pasaba frente a mi banco,
ya no es la misma.

Ya no es una desconocida,
lo que sabré de ella,
estará escrito en el día a día de mi vida real,
superando la ficción. 


Sheila.








sábado, 28 de febrero de 2015

Imagino por encima de las posibilidades.



Imagino por encima de las posibilidades un futuro amable y accesible, 
donde crean que eres tú y no ellos,
donde no me vea cogiendo una maleta de lágrimas,
 alejándome del suelo que habito,
el cual lo empobrecen otros con su fuerte intolerancia e hipocresía,
y dando gracias, aún,
algún padre o madre de familia pueda hincar las rodillas y limpiar la porquería, 
siendo esto una alegoría de lo que esperan ya de la vida.

Imagino por encima de las posibilidades tener estabilidad en esta vida,
poder echar a volar sin que tenga que seguir atada a las cuerdas de la dependencia.
Independencia,
¿dónde?,
¿dónde se encuentran las oportunidades?,
que me arde la cabeza cuando me hablan de emprendimiento.
Pero, decirme, ¿ que emprendimiento? como vamos a emprender empezando la casa por el tejado,
cuando ni siquiera nos dan opción a tener cimientos.
Y además, entre esos tejados que pretenden que construyamos y las bases ignoradas, 
ahí se encuentran ellos, 
viviendo por encima de todas nuestras posibilidades.

Imagino por encima de las posibilidades cuando mañana me vea capaz de seguir imaginando,
a pesar de que me pegaron un movil en la mano y de tener la vista cansada,
de fijarme en un solo brillo, 
el de la triste pantalla, 
que nos educa en creer que nos acerca a los que tenemos lejos,
pero aleja a los que tenemos cerca.
Esclavos de la sociedad y sus inútiles modas,
victimas de exigencias ausentes de contenido,
que no ya en lo intelectual, sino en lo humano,
está acabando con lo que antes se llamaba personalidad.
Vacíos de ideas más allá de subir una imagen al resto del mundo que muestre lo perdidos que estamos.

Nos encontramos por encima de las posibilidades,
de sus posibilidades,
no de las nuestras, 
porque nos la robaron.

Y así estamos,
viviendo por vivir cuando nos dejan,
convertidos en rebaños que cambian la dirección según nos mande algo que ni siquiera existe,
y encima, algunos,
se atreven a llamar de forma ofensiva a los que prefirieron salirse del camino marcado y enfrentarse, endureciendo sus cimientos.

Por eso, a pesar de todo, 
aunque imagine por encima de las posibilidades,
al menos imaginamos,
imaginar....
lo contario a estar muerto,
lo contrario a vida,
vida... que dicen que mientras este,
hay esperanza.

Donde estarás...


Sheila.




miércoles, 18 de febrero de 2015

Su cabeza.



Aunque tiene posados sus pies sobre la tierra,
viven a flote sus inevitables y agresivos recuerdos
perdidos en un enorme mar,
frío y nublado,
lejos de tocar el salitre desde el suelo.

Y atacan a su cabeza cuando se avecina marea alta,
chocando contra sus pensamientos,
embriagándola con tanta rapidez y vomitando aquella espuma asquerosa,
que traen un banco de recuerdos,
o que peor,
deseos.

Deseos en un mar infinito,
que viene y que se van,
que chocan contra su realidad y con la de otros barcos
que naufragan en la intolerancia y la falta de comprensión,
sobre aquellos deseos perdidos sobre el mar.

No diría inalcanzables para ella,
porque siempre he creído en sus poderes,
simplemente son náufragos deseos
que aparecen y desaparecen en su navegar,
que hacen que ella eche el ancla a veces,
y que no llegue a encontrar nada más que eso,

... a pesar de tener una tropa a favor levantando la vela.


Se antepone ante dos hemisferios,
y aunque se quede anclada en el del mar infinito,
donde muchos optaron por tragar y hundirse,
yo siempre la esperare en aquel donde el cuerpo toma tierra,
con determinaciones,
finales...
pero también con descansos en cuerpos que pueden ser eternos.


Sheila.

viernes, 9 de enero de 2015

Perdona el atrevimiento.




Anoche,
mientras buscaba calor entre las frías mantas de este invierno
y la inconciencia me recubría el cerebro,
escuche como venias.

Un ser vivo sin forma definida,
se colaba por debajo de la puerta de la habitación.
Me avisaba a través de sus sombras que iba a adentrarse en aquellas cuatro paredes,
en la oscuridad,
en mi cabeza.

Y sin control sobre mi cuerpo,
una especie de melodía parecida a "Para Elisa"
me alteraba el sistema nervioso y me impedía moverme.
Tras cada trago tembloroso de aire observando aquella habitación,
que de repente,
fue misteriosa,
me desequilibre al saber que era tu recuerdo el que me movía las entrañas
y me anestesiaba la piel en cada roce.

Ahí estabas, atrevida,
encima mío,
jugando con la cabeza a ese juego de "imagina que" podría pasar...

Y perdona el atrevimiento de algunas madrugadas,
perdona por dejarme caer en tu vacío en media noche,
por no cerrar con llave,
por dejar que suene esa música banal y que después de este tiempo tan difícil,
pueda rebañar,
en las horas de mi inconsciente,
la curiosidad de volver a tenerte.


Sheila.

domingo, 7 de diciembre de 2014

La lluvia que se equivocó de cielo.


Resulta difícil en muchas ocasiones entender los duros latigazos que nos puede dar la vida. Y nos invade la cabeza el ansia de encontrar respuesta al “por qué”, debido al dolor producido de alguna honda herida, o que peor… la ausencia de algo que tuvimos, y ya no está.

Y de verdad que me resulta difícil entender la repugnante avaricia de los que tienen y quieren más, los malos tratos, los límites u obligaciones autoritarios o la superioridad de unos sobre los otros. Pero te prometo que todo esto no existe en mi mundo cuando mi mente cae en la cabezonería de intentar entender la tristeza que se ha abrazado a tu cuerpo. No se explicar lo que pasa por mi mente cuando veo salir de tus ojos una gota de tu lluvia, pero me volvería un genio obcecado por una invención, que aunque realmente utópica, hiciese volver esa lluvia a su verdadero cielo y no al tuyo.

Sin embargo, siento no ser un genio, siento no poder devolverte la ausencia de lo que aun oyes, pero si quieres nos fundimos los tres en un abrazo: tú, yo y tu tristeza; y quizás en vez de cuatro lágrimas, solo se te escapen dos. Si quieres puedes contar conmigo para llover juntos, atormentándonos y olvidando la realidad mediática que hacen parecer importante, y damos importancia a lo importante como que tu corazón, de repente un poco más viejo a tu joven edad, puede caer sobre el mío siempre que necesite soltar las cuerdas.


Sheila.

lunes, 27 de octubre de 2014

Carta a una desconocida III






No me olvide de esa ausencia constante. Sigue aquí. Aunque no voy a engañarte de que aquella noche revivió aquel sentimiento vago, encharcándome las paredes del estómago con agua helada de una forma más bien bestia. Como cuando algo te impacta y el gesto de tu cara cambia. Como cuando abres la puerta y es tu deseo. Como cuando tragas saliva y los brazos parece que se te paralizan y te vuelves un ser débil e inservible entre tanto movimiento a tu alrededor. 

Y me volví sorda, deje de escuchar a la que tenía al lado, parecía que en esa reunión de alcohol y gente, todos se habían puesto de acuerdo por un momento en retirarse a la vez de lo que mis ojos alcanzaban a ver, mostrándote al final de ese pasillo tan insignificativo para los demás. 

Y ahí estabas.
Ahí estaba yo; y las palabras que me hablaban desde otra boca volaban enredándose en mi pelo, olvidándose de llegar a mi oído. Asentir a esas palabras fue un mecanismo de repetición del cual no me hacía cargo yo, sino el verte allí al fondo, y note de repente desaparecer. 

Créeme, que desaparecí. Desaparecí justo cuando tu visión y la mia impactaron en aquel espacio tan vacío de intereses tontos e inútiles comparados con el mio. Deje de existir entre la multitud y el ruido cuando, mirando ese impacto, mis manos se desintegraban en minúsculas partículas que se volvían en milésimas de segundo invisibles. Y eso fui, partículas invisibles. Mis pies se separaron poco a poco del suelo con delicadeza y nadie a mi alrededor se dio cuenta, ni siquiera tus penetrantes ojos.

Y alguien soplo.
Y en forma de ácaro me convertí,
colándome en las costuras de tu ropa.
Y desde entonces, nadie sabe que ha sido de mi,
y de verdad,
que pena que no sepas que desde aquella noche,
llevas siempre encima un trozo de algo que existió antes de verte,
aunque verdaderamente no exista,
ser ausente.


Sheila.

domingo, 12 de octubre de 2014

Por si se apagan las luces de esta función.


 "Sin la muerte, la vida seria una tragedia."
 



Miro el cielo y puedo decirte como he visto pasar aviones, cometas atados a la ilusión de apenas cinco años de edad e incluso he visto cuerpos dormidos ascendiendo porque llegaron con aquellas arrugas de la vivencia a su fin o cuerpos que pensaban que quizás su paz no estaba aquí abajo sobre la tierra y adelantaron su viaje. Y pasa que huyen y no vuelven, se van con aquellas horas que vemos correr en este mismo instante en nuestro minutero.

Se van. 

No tocaran mas nuestras lágrimas con el pañuelo de la resinación del por qué a ti siendo tantos en este mundo, y se olvidan de aquel rato en el sofá después de comer, ni te repetirán aquellas palabras tan insignificantes que después son tan estremecedoras, no estarán más a tu lado, por muy crudo o real que te parezca. No te harán reír para que expulses esa vida que ellos o ellas han dejado de tener, no te arroparan, no te tocaran la mano cuando cambias las marchas del coche, no te sacaran a bailar al salón un domingo por la mañana en pijama y lo más triste, es que después sabrás que no echaste de menos tanto aquellas arrugas o aquellas manías, hasta que les dices adiós, ese siempre.

Por eso permíteme que me abstenga de momento de decirte adiós hasta el día que tu mano me lleve hacia aquel frio escalofriante de esa mujer eterna, y dime hasta pronto o hasta luego. Porque no entendemos, ignorantes, la importancia de decir un solo adiós en esta vida. Ese adiós que es para siempre, porque es eterno.

Mientras tanto vida, quítame este nudo del estomago y déjame disfrutar de las personas perecederas que me das, déjame decir en el bar que nos echamos la penúltima, dejame equivocarme y rectificar, oblígame a pensarme las cosas una vez por que hay tantas cosas que debemos hacer una vez en la vida, tantos disfraces que ponernos, tantos cambios de visión, tantos errores quedan por probar... que aun así, te querré igual sabiendo que me abandorás cualquier día.
Porque vida solo hay una, y por eso, te quiero.



Sheila.



sábado, 23 de agosto de 2014

Te voy a llamar Agosto.





Cuando el reloj marque el fin,
guardare ciertas cosas debajo de la cama de este caluroso Agosto.
Le pondre un candado,
y se quedaran entre el polvo de lo que paso por mi mente cada noche
y lo que podria haber sido de este verano que nos viene diciendo adios.

Tal vez,
en algun momento de esa vida lejana a todo esto,
me arrepentire de aquellas dudas tan pesadas que me brindada este mes,
por culpa del rutinario Septiembre.

Y cuando ya no pueda más de ese otoño, 
cuando la luz empiece a desaparecer,
yo  mirare debajo de la cama como un niño asustado a altas horas de la madrugada.
Y aparecerá una luz en forma de recuerdo a la que bajare,

asegurándome que nadie me vea,
y jugaremos clandestinamente como si a la nobleza le hubiera dado por bajar de su trono el colchón para encontrarse con un recuerdo proletario, que buscara reavivar la memoria de aquel mes...por el que te voy a llamar Agosto.



Sheila.

miércoles, 9 de julio de 2014

Carta desconocida II.


Y como siguió mi vida después de verle pasar, supongo que ella siguió con la suya. Sin embargo, seguro que estaría ausente de este entrelazado de intestinos que se labraba en mi interior, porque nunca me vio, y quizás si me hubiese visto, seguiría igual.
Pero yo, fiel como un perro viejo a su dueño, llegaba puntual a aquella cita imaginaria, con mi vestido de nervios movimiendose como lazo en un ventilador, mirando aquel libro que me salvaba de la excusa solitaria. Aquel libro era mi único cómplice y compañero en esas tardes que esperaba verte pasar.

Las siete de la tarde; como siempre el sol me da en la cara. Con un tremendo suspiro agacho la cabeza y miro como aquellos zapatos, que eran únicos, marcan el paso que se cuela por mis oídos. Mis manos comienzan a resbalarse de aquel libro y me apoyo en mi rodilla para sostener esta vergüenza.
Y así pasan los días, viendo como te alejas desinteresada con todo lo que hay en tu alrededor y con la sencillez por bandera sin saber ni siquiera que llevas una cuerda atada a tu tobillo izquierdo en la cual arrastras mi mente, desde yo me veo en aquel banco sentada, ausente... viéndote pasar.

Y así pasando los días...
siendo el capitán cobarde de este barco, donde mi mayor tesoro han sido lograr dos miradas que cada vez se distorsionan más con mi imaginación y es por eso que en ocasiones me asomo a la proa, por si a tu mirada le da por darme fuerzas a naufragar y llenar este baúl.


Pero como ya te he dicho,
soy un capitán cobarde
al cual cuando te ve pasar sabe que se avecina tormenta
y me permito la mayor idiotez del mundo
que es la de poner los pies en la tierra.



sheila.

domingo, 29 de junio de 2014

Y aun así.





Estando como estamos,
rodeamos de injusticias
donde los deseos siguen siendo eso,
meros deseos,
donde llegar a tenerlos en nuestras manos
se ha convertido en una utopía,
ocurre que...

Aún con los pies hundidos en el barro
del peso que conlleva esta falta de motivación
y el exceso de corrupción
tanto físico como emocional,
aun así...

Con las prisas que nos martirizan de nuestros generadores
por ser algo en esta vida
llevando las manos atadas por los de arriba,
donde el reloj corre,
donde crecemos,
envejecemos,
y a la vez,
nos inmovilizan,
ocurre que...
apareces tu.

Sin ser consciente de haber abierto la veda
de los deseos alcanzables como su boca,
donde la única utopía es poder quedarme a vivir en su aliento.
Tú, donde la motivación nace de un hilo invisible
que ato tu corazón al mío,
y el exceso de corrupción no se da arriba,
sino abajo.

Y aun así,no es consciente de que a veces ocurre
que me inmovilice en tu cuello
¡y que lujo envejecer en un sitio así!,
Que lujo poder vivir tantas corrupciones e injusticias,
y que entre ellas aparezcas tú,
y pueda contar contigo.


                                                                                                                                                                Sheila.






 

martes, 6 de mayo de 2014

Ex combatiente de guerras ilógicas.



Este guerrero lleva unas cuantas guerras perdidas,
y guarda las huellas de todas ellas
en cada borde de su corazón,
endureciéndolo.

Este guerrero ha dejado de creer en guerra ilógicas,
y mucho más en ganadores y perdedores.
Llega a casa y se desploma en el sofá
quitándose las armaduras,
y llora.
Esta cansado de que le hablen de héroes inexistentes
que siempre acababan tejiéndole con alambres el corazón.

Este guerrero ya no deja que taladren sobre sus escudos,
los cuales están oxidados de tanta lluvia caída
y sale a la calle cubierto de agua,
para que no le quemen.
Nadie sabe que le paso tras tantas guerras
donde jugaban los misiles de los sentimientos,
la nostalgia, la decepción
o la ilusión.

Pero después de perder tantas,
decidió parar,
retirarse,
porque se dio cuenta que las guerras son para luchar,
y él cometió el gran error de luchar por los sentimientos,
pero después de tanto,
supo que por los sentimientos no hay que luchar,
porque son ellos,
quienes tendrían que luchar por ti.





Sheila.

viernes, 11 de abril de 2014

Sano amor.







Hemos llegado a un punto donde hemos perdido el norte.
Habéis aplastado la palabra libertad  por la palabra amor, las hemos separado de las manos que las unía. 
Os habéis olvidado de que el amor no existe fuera de vosotros, sino en nosotros mismos y siempre, para amaros, necesitáis de alguien que este fuera de vuestro cuerpo.

Cada vez perdemos más el norte creyendo que somos dueños de las emociones de los demás. Deberían darnos clase para explicarnos que el deseo no es lo mismo que el amor, ni que la libertad no está por debajo de nada. Cada vez abusamos más del querer, ese verbo que perdió su fin entre estas nuevas costumbres. Hemos olvidado lo que era el sano amor.

Dan ganas de salir corriendo.

Amar es dar libertad a la vez que tu vuelas a su lado sin tener que cogerle de la mano,el amor es abrazar a la libertad con los brazos del respeto. Mi amor no sabe de sumisiones, ni del olvido de las amistades, no sabe de alianzas, ni bodas, no conoce cadenas ni permisos. Mi amor se aleja de aquella toxicidad que se está creando en esta sociedad. El sabe caminar sin ti y no se va a morir si te vas  porque tu, yo y todos vosotros hemos existidos sin los demás.


Tú,
que vendes tu amor propio sin tapujos,
ni condiciones y a lo loco,
déjame decirte que siempre vas a tener un plan B:
Quererte más que nadie, tu amor verdadero.


Corazón, te amare cuando sienta que te quieres, porque es lo mejor que puedo sentir.






Sheila.

viernes, 28 de marzo de 2014

Carta a una desconocida.



Tengo la costumbre de apenas hablar,siempre me lo suelen decir. Es más, creo que apenas nadie conoce más allá de este rostro serio, sentado, con mirada perdida a la que a muchos les transmite indiferencia.
La verdad es que no tengo la necesidad de comunicarme. Muchas tardes de mi vida las empleo sola, pensarán que soy solitaria, pero yo no lo considero así. Me llena ver como las personas hacen su vida,como pasan y se van. Verles y no hablar.

Todo comenzó en una de esas tardes libres en la que empleo mi tiempo en estar sentada en un banco del parque, simulando que espero a alguien.Tenia la sensación de que ya conocía la vida de las personas que siempre, a la misma hora y con la misma dirección, pasaban frente a mi banco. Conocía al empresario que venía de comprar el periódico, a la madre coraje que recogía después de trabajar a sus hijos, a la viejecita tan solitaria como yo, que se sentaba en el banco de al lado como si estuviera esperando a su día especial, al vagabundo que siempre rogaba dinero... me gustaban sus vidas. No es que me guste pasar desapercibida, pero lo que más me atraía de ellos es que no esperaban que abriese la boca para nada.

Pero esa tarde, hubo algo fuero de la cotidianidad de mis días. Esa rutina que me entretenía aquellas tardes, se empezó a romper cuando la vi pasar. Todas esas vidas lineales que pasaban de largo, dejaron de llenarme la mente, por culpa de esa mirada tímida que parecía que no miraba a los arboles por miedo a que le preguntasen. Agarraba su cuaderno como un niño a su madre el primer día del colegio. Me hipnotizo tanto su forma de pasar ante mí, que lo que para ella duro dos segundos, para mi fueron horas en ese banco. Ella tenía pinta de ser la persona más sencilla del mundo, pero la que compondrá cualquier corazón.

Es curioso, porque desde entonces, cada vez que estoy en mi banco, tengo ganas de hablarle. Yo, aquella chica muda, se volvería la persona mas parlante del mundo durante esos dos segundo que pasaba frente a mí, para decirle todo lo que le llevo contando en este cuaderno.


Porque aún no has venido, 
pero ya te conozco.
Te deje mi mirada perdida,
mis pocas ganas de hablar
y la indiferencia ante mí,
como si tu fueses mi reflejo en otra persona,
y yo una copia más de todos aquellos
que se mueren por derrocharte palabras.
Y entonces, supe que me había enamorado de tu silencio.




                                                                                                                                                         Sheila




miércoles, 19 de marzo de 2014

Arrugas en el corazón.



Supongo que si te digo que me siento mayor a tu lado,
querrás saber por qué.
Seguro que sería un buen ejemplo
en un libro de autoayuda.

Es tan sencillo como que te veo a mi lado joven,
te miro y cuando sonríes,
suena a ilusión por un juguete.
Te retuerces en las sabanas pidiendo ayuda
como un niño a su madre
llegas a ser tan tierna en ese momento,
que se me para el corazón como a un anciano
en la hora de su muerte.

Sufro alzhéimer cuando escucho a ese ángel,
que apoyado en mi hombro,
me previene sobre el camino donde ando vagando,
pero me apoyo en mi otro hombro para avanzar,
para que me empuje ese diablo,
que me recuerda el ahora.

Estoy vieja, anciana,
tengo arrugas en la cara de sonreír.
Es tan sencillo el saber por qué me siento así,
porque según como vaya pasando el tiempo,
tu crecerás como una flor en primavera,
vivirás, huiras de todo esto,
evolucionarás,
seras infiel a tus viejas costumbres,
y a mí....

Y el corazón se me parara
en el momento exacto en el que lo hagas.
Mi corazón estará viejo de recordarte,
como están otros,
por imaginarse el tuyo joven,
intransigente al tiempo.





                                                                                                                                             Sheila.

martes, 25 de febrero de 2014

Remiendos en el corazón.



Lo que me gusta de ti,
no eres tu.

Lo que me gusta de ti,
son aquellas paredes que se derrumban
cada vez que tu te desplomas en mi cama,
apareciendo en medio de un paraíso perdido,
sin ruidos,
donde las gaviotas salen de la habitación,
y un olor a mar se cuela entre las sabanas
y tus labios tienen sabor a sal,
trayendome el verano, en pleno invierno.

Lo que me gusta de ti,
es lo que no ves, ni ven.
Es tu aire colandose por mi nariz,
tus palabras dormida que nadie escucha,
pero que yo,
tengo la suerte de verlas salir de tu boca.

Lo que me gusta de ti,
soy yo (contigo),
despertando la esperanza
de que entre tanto pajar,
encontré una aguja
dispuesta a hacerme remiendos en el corazón.


Sheila.